La cultura del dengue goza de buena salud

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Augusto dos Santos
  • Por Augusto dos Santos
  • Periodista

Hablemos claramente: si todos los patios estuvieran limpios de receptáculos de agua estancada, todos los terrenos baldíos controlados, todas las plazas y lugares públicos sin desechos que luego alojaran a las larvas, no existiría el dengue en el Paraguay. No se reproduciría el mosquito que lo transmite y al no reproducirse, la enfermedad moriría por ausencia de transmisión.

Si repasamos la cadena de situaciones y espacios citados en el párrafo anterior, nos encontraríamos con una espantosa realidad: la responsabilidad privada, ciudadana y personal es altísima, y de este aspecto no nos hacemos cargo. En general, hace casi dos décadas venimos culpando al Estado por los mosquitos que generosamente criamos en nuestra casa.

Hubo sí un error importante en todos los gobiernos desde la aparición de la enfermedad hasta hoy, es que solo se ha planteado el problema del dengue como un asunto de salud pública, en tanto que –por las características del proceso de procreación de sus vectores– el dengue es también un problema cultural o, esencialmente, es un problema cultural.

Un problema cultural no se supera con un aviso publicitario que plantea cómo desechar elementos y consecuentemente evitar el alojamiento cómodo y confortable del Aedes aegypti en nuestras propiedades. En absoluto. Un problema cultural se supera con un proyecto educativo y comunicacional que debe encararse con seriedad en los focos donde corresponda y en base al ataque directo a las debilidades culturales que tiene nuestra sociedad.

No nos sirve que un niño escolar de 7 años, educado para el efecto en la escuela, sepa correctamente que una vieja palangana que funge de plantera es un hotel cinco estrellas para los mosquitos, en tanto su madre o su padre insisten con que esa plantera es lo más inofensivo del mundo.

Probablemente sea la décima vez que lo repetimos en un comentario de este tipo: el problema de comunicación en la lucha contra el dengue no debe consistir en aliviar ningún déficit informativo de la comunidad, sino en cambiar formas culturales de convivir con su entorno. La info no entra porque hay una barrera cultural, ya deberíamos darnos cuenta.

Ello supone la urgencia de invertir en un cónclave de los mejores pensamientos de la salud, las ciencias sociales, la cultura, la educación, la comunicación, para que a partir de la actuación conjunta y del establecimiento de una red de interacciones se llegue, primero, a un buen diagnóstico sobre lo que sucede con la raíz cultural de una sociedad que tiene un problema vergonzante con la limpieza. Recién con tal diagnóstico se puede pasar a una fase de elaboración de estrategias comunicacionales, educativas y de salud pública.

No podemos seguir dándole la espalda al problema principal de la existencia del dengue, que no se relaciona con que existan más o menos camas, o paracetamol, o médicos en los centros asistenciales, sino que consiste en saber por qué, como práctica comunitaria, nos obstinamos en criar los vectores en nuestros espacios privados y públicos. Si logramos intervenir en tal ciclo, tenemos el mal derrotado.

Concomitantemente y pegado con el mismo clip sobrevive otro grave drama: la ausencia de normativas, su tibieza o el incumplimiento de las mismas. Un inmundo baldío puede ser el responsable de una muerte y ¡quedará impune con toda seguridad! Los municipios deben poner mano de hierro con sus supervisiones y multas, para que el peso de una buena carga económica caiga en quienes ponen en riesgo la salud de los vecinos.

Un funcionario del Senepa me contaba hace tiempo que en muchas familias ellos entran a recoger desechos sin la más mínima colaboración de sus moradores. Eso es vergonzoso, porque se trata de una responsabilidad absolutamente privada de los dueños de la propiedad; pero es sencillo: nuestra cultura no dimensiona la incidencia pública de sus actos privados.

Sumado a todo esto, deben acelerarse los procesos de adecuación de la infraestructura sanitaria, tanto de índole municipal como estatal. El problema de la asistencia en salud es el último eslabón de la cadena. Siempre habrá cosas que mejorar en este orden y siempre serán importantes las críticas que señalen los errores en materia de servicios.

Pero el error más grave podría ser el pensar que con paracetamol, una ambulancia oportuna o un buen hospital eliminaremos el dengue. El dengue lo eliminamos en casa o no lo eliminaremos nunca. Hasta ahora tuvimos mucha calidad para alojarles y darles todo lo que necesitan para salir a poner en riesgo la vida de la gente. Tiene que empezar a cambiar esta historia. Tenemos que matar la cultura del dengue.

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